viernes, 20 de enero de 2012

El origen de las agencias de calificación de riesgo


. ¿Sabías que las hoy muy famosas agencias de calificación o de rating tuvieron su origen en el mundo del ferrocarril?

Efectivamente, dentro de las más famosas de este tipo de agencias nos encontramos a Standar & Poor’s y a Moody’s . La primera de ellas fue fundada por Henry Varnum POOR quien publicara, allá por 1860, un libro titulado History of Railroads and Canals in the United States que se encargaba de examinar las finanzas presentes y previsibles de las compañías de ferrocarril en los Estados Unidos de Norteamérica.

Tanto en aquél país como en el resto del mundo la aparición del ferrocarril inició también grandes negocios alrededor del mismo, muchos de ellos totalmente fraudulentos donde lo único que se buscaba era recabar capitales ajenos con promesas de beneficios futuros que, en muchas ocasiones, no eran más que elaborados engaños tal como sucediera con anterioridad con las compañías marítimas y todo tipo de negocios alrededor de los cuales se creaban grandes expectativas sin fundamento futuro (lo que hoy conocemos como burbujas) que, en muchas ocasiones, terminaban explotando y atrapando a muchos inversores.

Para intentar evitar estos abusos comienzan a aparecer agencias que clasifican las emisiones de estas compañías ferroviarias analizando tráficos futuros, deudas a reembolsar, etc. etc. para poder orientar al inversor sobre qué rentabilidad sería la adecuada a solicitar para cada emisor en concreto, siendo más baja para emisores con una acreditada solvencia y beneficios futuros previsibles y mayor para aquéllos otros emisores cuyos negocios parecen más arriesgados.

También la agencia Moody’s, creada por John Moody en 1900, publicó un libro titulado “Analyses of Railroad Investments” (1909) donde no solo se conforma con recoger y dar información sobre las empresas sino que comienza a analizarlas y hacer previsiones a futuro sobre las mismas para poder orientar a las potenciales inversores. Posteriormente estas agencias se encargarían de analizar otro tipo de negocios e instituciones, entre otros, a los propios países que emiten deuda.

Unos y otros clasifican a estos emisores otorgándoles determinada nota, que representan con determinada combinación de letras (AAA, Aaa , B, etc) después de analizar las variables más significativas que presenta el emisor: beneficios futuros, déficit, etc. etc. Las calificaciones varían desde una máxima para emisores a los que se prevé no tengan dificultad en devolver el dinero prestado y al que exigirán el tipo de interés más reducido posible, de acuerdo con el momento y circunstancias dadas, hasta llegar a los denominados emisores a los que no se les otorga mucha fiabilidad llegando incluso a calificar a sus emisiones como “bonos basura”, es decir bonos con una alta probabilidad de que no cumplan o con el pago de los intereses o con el capital principal, etc. etc. Aquí ya no se analizan sus emisiones desde el punto de vista de la rentabilidad sino ya de la mera especulación. A estos emisores se les “exige” un interés mucho mayor. Las personas que los compran y venden saben que pueden soportar grandísimas pérdidas pero también, pingües beneficios.

A la vista de lo que sucede hoy en día, quizás sería más conveniente que estas compañías se dedicaran, de nuevo, a analizar la rentabilidad futura de tanta y tanta línea de ferrocarril que se nos ofrecen como “imprescindibles y generadoras de grandes beneficios futuros” cuando finalmente devienen en grandes acaparadoras de recursos públicos que, finalmente son, como tantas y tantas realizaciones en el pasado, meras ilusiones.

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